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En cada
uno de los jardines que realizamos tratamos de marcar una impronta diferente.
Cada jardín debe tener una personalidad
y vida propias. Y siempre adaptándose al medio y a las
necesidades de los que lo van a disfrutar.
Zonas de sombra, áreas privadas,
casi secretas para el que ve desde el exterior el terreno, entradas con
carácter...
El jardín debe tener distintas "salas",
pero, a la vez, compartiendo cierta armonía general. Ello lo logramos
utilizando materiales que unifiquen los espacios: áridos similares
(gravillas de colores, tierra volcánica, etc.), piedras de rocalla,
traviesas de tren,...
Una vez concluida nuestro trabajo
de construcción el propietario debe cuidarlo y darle forma. El
jardín se consolida con los años. Siempre necesita algún
detalle, alguna poda, algún tratamiento fitosanitario, ...
El jardín está vivo y crece con el tiempo.
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